martes, febrero 10, 2015

ECOTURISMO RESPONSABLE - EL RESPETO A LOS PUEBLOS INDÍGENAS





El 23 de julio del 2007, los medios de comunicación y Organizaciones medioambientales, dieron la voz de alarma internacional  tras conocer la muerte de cuatro gorilas de montaña en la provincia de Kivu Norte de la República Democrática del Congo (RDC), en el mismo límite del Parque Nacional de Virunga (declarado en 1925) siendo la primera área protegida de África y convirtiéndose en Patrimonio de la Humanidad en 1979. Cuatro gorilas, un macho y tres hembras de la familia de Rugendo, habían sido abatidos a tiros y sus cuerpos fueron recogidos en improvisadas camillas atados a las mismas y llevados a los guarda bosques que vigilan el Parque, cuyas fotografías dieron la vuelta al mundo.
          
  La casualidad hizo que una compañera fotógrafa del Proyecto Gran Simio (PGS), a los pocos días de producirse estas muertes, viajó a la zona del lado Ruandés, para ver a las poblaciones visitables de  gorilas de montaña dentro del Parque Nacional de Virunga.  Tras  hacer un reportaje sobre los gorilas, realizó una investigación para saber que ocurrió en realidad con la muerte de gorilas, porque desde el PGS no entendíamos muy bien qué es lo que ocurrió al existir diversas versiones que se contradecían. Entrevistó a varias personas conocedoras de la zona e incluso del lado de la RDC. La verdad que encontramos y denunciamos a través de una nota de prensa, es que los gorilas habían sido muertos por los pigmeos, un pueblo indígena que vivió durante milenios en el territorio del que ahora es Parque Nacional y fueron expulsados de sus tierras en 1925, para que a los ojos del mundo vieran que se daba un gran paso de protección a la biodiversidad donde los gorilas de montaña vivían. Pero todo el mundo se olvidó de los pigmeos, realojados al borde del Parque Nacional, expulsados de sus tierras y campos, olvidados sin ayuda sanitaria o educación como les prometieron y siendo detenidos en muchas ocasiones acusándoles de cazadores furtivos.
           
El Parque Nacional de Virunga, además de estar en tres países con 8.000 kilómetros cuadrados, 250 son los que se encuentran en la RDC. En la provincia de Kivu Norte de este país, en el límite mismo del Parque, fueron donde encontraron a estos gorilas. Parte de la familia de Rugendo descubrió el campo de patatas de una familia de pigmeos y todos los días bajaban a comérselas. La patata era la única comida de estos desheredados de su tierra y a pesar de las frecuentes denuncias a los guardas forestales, los gorilas seguían comiendo las patatas, motivo por el cual los mataron para evitar quedarse sin comer. No sabían que eran especies protegidas, que era delito y menos que estuvieran al borde de la extinción. Lo único que ellos hacían era sobrevivir al expulsarles de sus tierras ricas en frutas, agua y carne. ¿Qué hubiéramos hecho nosotros para defender a nuestra familia que se está muriendo de hambre y que el gobierno no les ayuda a pesar de recibir millones de euros destinados a los pigmeos por haberles sido expulsados de sus tierras, dinero que da Naciones Unidas por ser Patrimonio de la Humanidad? Esto es algo que no se puede permitir por parte de nadie que diga defender el medio ambiente. No se puede declarar una zona como Parque Nacional y realizar la expulsión de pueblos ancestrales y condenarlos a su desaparición, al suicidio, a la muerte siendo a todas luces un crimen de lesa humanidad.
          
  Los Pueblos Indígenas jamás han sido responsables de esta hecatombe salvaje de la destrucción y muerte de la vida que a nivel global está afectando al cambio del clima y la extinción de miles de especies en nuestro planeta. Ellos, los nativos, siempre han sido los guardianes del planeta, de las selvas donde viven, de los árboles milenarios que durante miles de años han sobrevivido en el planeta. Ellos, los pueblos indígenas deben ser respetados y sus tierras conservadas para que sean gestionadas por su sabiduría. Los culpables son los gobiernos que permiten a las multinacionales acampar a sus anchas llevándose y destruyendo la riqueza natural de los bosques tropicales.
           
En este sentido desde el primer momento, PGS ha luchado por la conservación del hábitat de los grandes simios, los homínidos no humanos y por el respeto a los pueblos nativos que conviven en paz con la biodiversidad de sus ecosistemas uniéndose recientemente a la campaña lanzada a nivel internacional por la Organización Survival, que lucha por los derechos de los pueblos indígenas, denominada "Los Parques necesitan a los Indígenas".
            
Otros ejemplos según han denunciado Survival, se encuentran entre los Bakas del sudeste de Camerún, donde muchos de ellos están siendo ilegalmente forzados a salir de sus tierras en nombre de la “conservación”. Se les acusa de caza furtiva porque cazan para alimentarse, y se enfrentan a arrestos, palizas, tortura y muerte por las patrullas antifurtivos  que apoya WWF Internacional. Se debe poner fin a estos abusos que violan sistemáticamente los derechos humanos y de los pueblos indígenas y no colaborar con gobiernos que permiten esta violación de los derechos humanos.
            En la Reserva de Tigres de Kanha, en la India, también en nombre de la conservación de tigres, los indígenas están siendo expulsados forzosa e ilegalmente de su tierra. Esta reserva es el lugar donde transcurren las tramas de El libro de la selva de Kipling. Por toda la India, muchos más pueblos tribales se enfrentan a una amenaza similar, según denuncia Survival. Personas indígenas expulsadas denuncian que el Departamento de Bosques amenazó con liberar elefantes que aplastarían sus hogares y cultivos si no se marchaban inmediatamente. El área es el hogar ancestral de las tribus baiga y gond, que afrontan un futuro desolador sin sus selvas. Las familias han sufrido acoso y hostigamiento durante años para que se fueran de la reserva. Cuando finalmente fueron expulsadas, no recibieron tierra ni apoyo para establecerse en el exterior. Meses después de haber sido desterradas, las familias denuncian que únicamente han recibido una parte de la compensación que esperaban. Otros no han recibido nada.
           
Esta es la cruda realidad. Nosotros, nuestras multinacionales, los gobiernos destruyen la biodiversidad del planeta y en lugar de parar esa destrucción global, dejamos que sigan arrasando la vida mientras acotamos algunas pequeñas zonas que llamamos Parques Nacionales y como respuesta a nuestra propia impunidad, expulsamos de esas tierras a los que desde siempre han habitado con armonía la naturaleza echándolos a ellos la culpa de ser cazadores furtivos y arrasar la selva. Así se escribe muchas veces el tan vitoreado conservacionismo. Debemos ser críticos con nosotros mismos y poner fin a estos abusos hacía los pueblos que han habitado desde siempre en plena armonía con la naturaleza.
En Kalahari Central, un  cartel situado en la entrada de la Reserva de Caza que prohíbe a los bosquimanos cazar. ¿Pero se prohíbe también a los occidentales ricos y poderosos que viajan por capricho a matar y cazar para sólo obtener una fotografía de su trofeo pisándolo o llevándose con él parte de su cuerpo mutilado?
El ecoturismo debe ser responsable y no practicarse en aquellos lugares donde los pueblos nativos han sido expulsados de sus tierras, donde los gobiernos corruptos permiten el ecoturismo por el dinero que les aporta y sin embargo tienen a su pueblo en la miseria y muertos de hambre en un claro genocidio y ecocidio. El ecoturismo no puede fomentar la visita de los gorilas de montaña, mientras el pueblo de los pigmeos es apaleado y expulsado de sus tierras que se encontraban en el interior del Parque. Se deben respetar a las poblaciones nativas en todos sus ámbitos y tener la seguridad que ellas reciben beneficios de ese ecoturismo.
Una frase recogida de Survival nos muestra toda la realidad y a su vez belleza de los guardianes del planeta: “Nuestra relación con el bosque es como la de un niño con su madre. Los grupos medioambientales occidentales no pueden entenderlo”, ha declarado Muthamma, líder Jenu en Kuruba (India).
No podemos colaborar con gobiernos que no respeten los derechos de los indígenas y la biodiversidad de su tierra. De esto pecamos mucho los occidentales, porque a veces es cierto que el turista actúa con buena fe, quiere participar en una observación directa de elefantes o gorilas de montaña indicándoles que el costo de ese viaje va a beneficiar a los grupos locales. Y nos lo creemos. Pero además de tener abiertos nuestros ojos, tenemos que tener abierto nuestro corazón y antes de emprender la hazaña, debemos investigar a quien beneficio y a quién no.
Por otro lado los grupos ecologistas internacionales que colaboran en muchos países de África, Asia, América del Sur….donde las selvas tropicales están siendo arrasadas de una forma veloz y contundente; siempre tienen que actuar dando el apoyo a los pueblos nativos y campesinos de la zona y trabajar con ellos, desde la propia base, si quieren declarar una zona como protegida y jamás permitir la expulsión de sus tierras. Hoy día, son asesinados líderes indígenas y de campesinos por defender la tierra, sus selvas y su historia ante la ceguera de la comunidad internacional.  
Los pueblos ancestrales no son las multinacionales que arrasan la vida, ellos son los verdaderos vigilantes de la naturaleza amenazada.







PEDRO POZAS TERRADOS  (NEMO)
Fotografías (Ahisa Bonet)