viernes, diciembre 28, 2018

UNA MIRADA AL CORAZÓN HUMANO


Día a día vemos como siguen llegando olas de seres humanos desesperados que buscan un paraíso, un remanso de paz, una esperanza ya perdida y un futuro robado en sus propios países de origen. Sin embargo, sus ilusiones son pisoteadas por políticos sin escrúpulos y por un sistema económico mundial que arrasa a los países pobres fomentando enfrentamientos mientras se les roba los recursos naturales y sus gobiernos se corrompen.

         Para ello, es menester imprescindible mantener a una sociedad desinformada, contar mentiras y estadísticas no fiables y aumentar de esta forma la xenofobia de los que llegan agotados y exhaustos en busca de una patria perdida. ¿Acaso no lo hicimos nosotros en épocas anteriores?

         La destrucción de sus recursos naturales por multinacionales sin escrúpulos apoyadas por una economía global que solo busca su beneficio unida a sí misma en una guerra económica sin precedentes, junto con las guerras locales y los refugiados medioambientales originados por el cambio climático cuyos culpables son los políticos de los llamados  G20 por no poner de forma inmediata medidas para frenarlo; hacen que estas masas de seres humanos huyan y se dirijan en busca una vida mejor como siempre han hecho nuestros ancestros homínidos a lo largo de la historia de la humanidad.

         

La ceguera que nos quieren imponer de desde las altas elites mundiales, hacen que nuestras vidas naveguen sin saberlo o mirando a otro lado, bajo el estiércol fabricado por el poder económico liderado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), enmarcados en una globalización creciente que actúa contra los derechos más fundamentales de los seres humanos.



        Es por todo ello que he querido mostrar mi rechazo y mi indignación en estos días de opulencia con tres lágrimas, tres gotas de realidad diaria, tres historias que en cada minuto se produce en este mundo y en lugares diferentes. Un mundo que es pequeño y queremos hacerlo infinito. Tres momentos de la vida de un niño en tres escenarios donde la vida humana no es respetada, donde los ojos de un niño jamás han experimentado la alegría y son víctimas de abusos de todo tipo, donde no han conocido la tranquilidad ni la paz soñada, donde sus vidas son un verdadero infierno.

         El homo sapiens debe de reconvertirse y conquistar de nuevo la empatía que está perdiendo y que tantas lecciones nos da de ella el otro mundo al que oprimimos y separamos del nuestro: los seres vivos no humanos.

           Tenemos que ser conscientes del horror del cual somos cómplices, de cómo abandonamos en los mares a seres que buscan la paz y la alegría en sus corazones, de cómo alimentamos conflictos por puros intereses económicos como las consecuencias de la extracción de los minerales columbita y tantalita (coltan) en la República Democrática del Congo donde se extrae el 80% de la producción mundial. Nos estamos dirigiendo precipitadamente a la extinción de nosotros mismos, perdiendo la humanidad.

         




         Tres corazones en un mundo cada vez más deshumanizado. Tres vidas frustradas que representan a millones de personas. Que nuestro corazón se abra y nuestra mirada descubra el universo de la verdad.
        

ESCLAVOS DEL SIGLO XXI





Abrió sus ojos tristes, secos, sin lágrimas, con escozor en su retina y con restos de tierra seca en su piel, sediento de hambre, volviendo a la realidad de un sueño perdido, de una esperanza ahogada. Esclavo de unos hombres criminales que le hacían trabajar de luz a luz sin descanso y con un kalashnikob apuntándole en la cabeza. Tenía diez años. Soñaba con ser niño y poder abrazar a sus padres asesinados hace  años delante de sus ya inexistentes ojos a la vida.

Sentía frío y sus delgados brazos dolorosos no le dejaban descansar. De pronto una vez más irrumpió en su celda  un hombre pegando culetazos con su arma para que se levantara de inmediato.

Cómo un autómata sin nada que esperar, se puso en pié, calzó unas sandalias rotas y atadas a los pies con una cuerda, salió aún siendo de noche y le obligaron a montar en una camioneta que les esperaba con un rugido ensordecedor  y olor a gasoil quemado.

Al llegar, cogió un pico y se dirigió hacía un agujero para buscar el preciado mineral coltán imprescindible para que otros niños de otros países pudieran ser felices con sus móviles.

LA HUIDA


        

     De pequeña fue una niña feliz. Vivía en un mundo mágico, donde cualquier acontecimiento, era una alegría y una fiesta en las calles donde vivía. Pero un día, todo cambió. Hombres, mujeres  y niños eran asesinados por francotiradores, por de la deflagración de bombas inteligentes y de racimo. Esos días donde las risas se escuchaban en cada rincón, habían cesado.


Un mañana, sus padres recogieron todas sus pertenencias y huyeron de algo que no comprendía. Pasó verdaderos suplicios y llantos, injusticias y abusos, en un peregrinar hacía ningún lado, pues todas las fronteras estaban cerradas. Conoció el hambre y el frio, la maldad y la miseria. En una de las tantas aglomeraciones perdió a sus padres y sin saber cómo, se encontró embarcada en una patera  que hacía aguas, rumbo decían al país de las mil maravillas.

Pero el destino hizo que la barca se hundiera y ese mundo feliz se convirtiera en el peor de los infiernos. Lo último que vio fueron cuerpos flotando en la inmensidad del mar, gritos de lamento y angustia, de temor y muerte.

 Perdiendo sus fuerzas se dejó llevar plácidamente a las profundidades de un mundo perdido, de una huida sin fin.


ILUSIÓN PERDIDA

        



         Diez de la mañana en Duma (Siria). Khaled de quince años salió a la calle con su inseparable balón. Quería ser un gran futbolista. A veces absorto en sus pensamientos se imaginaba saliendo al campo junto con su equipo y miles de espectadores aplaudiendo. Pero después miraba a su alrededor y solo veía escombros, casas derruidas y como sonido en ese silencio de muerte, explosiones lejanas.

Tenía su balón, único juguete con el que dormía todas las noches entre el polvo de ladrillos caídos, en un colchón en el suelo y unas paredes agrietadas por las bombas.

Cuando chutaba el balón, se olvidaba de las gentes que había visto morir en sus calles. Ese día era especial y lo sabía. Lanzó el balón hacia arriba y mientras corría para cogerlo vio que también caía un objeto acompañado de un sonido que muchas veces había escuchado. No le dio tiempo a correr. A la vez que el balón tocaba el suelo, un proyectil químico lo hacía también junto a él.

Se olvidó del campo, de su pelota, comenzó a sudar, cayó al suelo y sus ojos se fueron cerrando. Sueños perdidos  que volaron al verdadero universo de la verdad.

PEDRO POZAS TERRADOS

No hay comentarios: