lunes, septiembre 07, 2015

EL ÉXODO DE LA VERGÜENZA



                No es la primera vez que hablo sobre la macabra situación en la que viven miles de personas muriéndose de hambre, huyendo de guerras, llamando ilegales a personas que intentan buscar una vida digna aunque sea a coste de su vida y que nosotros las tratamos como una peste humana levantando muros de vergüenza y genocidio. Este mes iba hablar del porque los gobiernos ponen también muros a la medicina natural, pero la imagen de un niño muerto en la playa como estampa del sufrimiento de millones de niños y de gentes desesperadas que han destruido sus casas y que huyen del horror para después encontrarse con la indiferencia del llamado “el mundo del bienestar y de los derechos humanos”, me ha revuelto el estómago y quiero desahogarme en este diario de un indignado porque hoy más que nunca, me siento indignado de pertenecer a una especie, única en los albores de los tiempos, que mata y asesina sin rubor a su misma especie y que levanta alambradas y campos de concentración a seres inocentes, víctimas precisamente del atropello de los propios países llamados civilizados.

            Cuando hablamos de Hitler, todo el mundo se echa las manos a la cabeza por lo asesino que fue y las matanzas en los campos de concentración. Sin embargo, cuando vemos estas guerras como en Siria cuyos gobernantes están asesinando a su pueblo, países en conflictos muchas veces originados por los propios “occidentales”, riadas de refugiados que huyen de una muerte segura habiéndoles destruido sus casas y sus pertenencias y vemos con angustia como son prisioneros y llevados a campos de concentración en detenciones violentas dentro de los países europeos por el mero hecho de buscar la paz..¿no es acaso un comportamiento similar a Hitler?. Las imágenes que estamos viendo por televisión de los trenes abarrotados de personas huyendo de la guerra y esos llamados “campamentos de refugiados..¿no se parecen a las imágenes del horror de los campos de concentración nazi que tantas veces hemos visto en reportajes o películas?. Y mientras, la Unión Europea cómplice de activa de este espanto, levanta muros y alambradas para que las “alimañas” humanas no lleguen a nuestros países que pueden derrumbar las economías de los mismos. Una barbaridad que todos los ciudadanos de bien deberíamos estar en contra y rechazar las políticas y los gobiernos que colaboran con esta masacre, el mayor éxodo humano desde la segunda guerra mundial. Las homilías de las iglesias callan, los partidos principales callan, el mundo occidental se entretiene con deportes que son puro negocio como el futbol y pasan hoja o pantalla a la realidad de un drama humano que está ocurriendo a pocos kilómetros de distancia. También España, además de apoyar las políticas erróneas de la Unión Europea, tiene su propio muro de la vergüenza, donde se emplean a cientos de personas para impedir que unos seres humanos puedan llegar a las puertas de nuestra civilización y son entregados muchas veces al otro lado de la frontera donde tendrán sin duda una muerte segura o maltrato asegurado. ¿Somos humanos o depredadores? ¿A caso esto no es lo mismo que el muro de Berlín que tantas muertes supuso para muchas personas que buscaban la libertad y que tanto se criticó durante decenas de años? Que poca memoria tienen todos los políticos de la Unión Europea. Que poca memoria tiene España cuando miles de refugiados salían de España huyendo de la muerte por los fascistas y no encontraban ningún muro que les privara de su vida angustiosa y su persecución.

            Este éxodo como esas muertes por hambre y enfermedades, hacen tambalear el sistema actual de nuestra civilización. Exterminamos a los animales, a los ecosistemas, originamos un cambio climático que está afectando a millones de personas en todo el mundo, nos matamos masivamente entre nosotros…..hemos perdido la humanidad y la razón de ser “civilizados”, de conseguir un mundo mejor. Muchos de nuestros políticos son responsables de todas estas mezquindades mundiales porque no ponen remedio y la mayoría de ellos se arrodillan ante el poder económico originando recortes graves para la sociedad y la dignidad de las personas. Ahora ya se alzan voces y se tapan los ojos para no ver esa imagen, ese niño muerto en la playa. Mañana se olvidará y mientras tanto lo importante es salvar el efecto mediático, hacer que se reúnen para tomar medidas dirigidas a paliar este holocausto y mientras  los muros son cada vez más altos y la soluciones se toman sólo para parar el éxodo que llega a nuestros hogares, en lugar de arreglar los focos que ocasionan estos dramas. ¿De dónde sacan las armas para estas matanzas? ¿Quién ha impulsado estos enfrentamientos? ¿Quién se beneficia de ello? Preguntas fáciles de contestar.

           ¿Qué podemos hacer ante tamaña injustica? ¿A caso no se les cae la cara de vergüenza a los dirigentes de las naciones ver a niños llorando, separados de sus padres, muertos en la playa? Ojala que el mundo estuviera hecho de otra forma y que los que ocasionan estos genocidios lo pudieran sentir de por vida en sus propias carnes, en sus hijos, en sus familias, en su estatus blindados de poder y ambición. En unas declaraciones de uno de estos refugiados lo dijo bien claro y fuerte por televisión y que debería de haber sido titular de todos los medios: “Huimos de nuestras guerras que en su origen fueron vuestras”. Qué verdad. En lugar de alambradas de sangre, hay que solucionar los problemas desde su mismo origen. Pero claro. No interesa, porque somos tan responsables como los que ahora mismo están asesinando a su propio pueblo.

           ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué ese odio entre partidos políticos en lugar de trabajar para el bienestar de la sociedad? ¿Por qué cuando el ser humano tiene poder se corrompe como una manzana podrida y se olvida del árbol que le da la vida?. No hay palabras ni tampoco justificación para tantas injusticias que el ser humano está cometiendo a la vista de todos. Se ha perdido la dignidad, el orgullo de ser persona, la vergüenza, la estabilidad de nuestras sociedades. ¿Qué nos puede deparar el futuro? ¿Qué lecciones de armonía y ejemplo estamos dejando a nuestros hijos? ¿Qué mundo van a encontrar las generaciones futuras en este caos de poder, guerras y éxodos?.

            Cuando era pequeño soñaba que allá por el año 2000 o 2020, los coches volarían, las ciudades serían perfectas y limpias, que todo el mundo tendría un trabajo, que los campos serían jardines del edén, que las enfermedades serian curadas de forma inmediata y que incluso nadie enfermería…..así al menos nos lo pintaba algunos libros y artículos haciendo referencia a los adelantos de la ciencia. Que iluso hemos sido.  Seguimos con vehículos contaminantes en lugar de motores limpios, con un cambio climático que ha llegado a su no retorno y sin haber  dado ni un solo paso en la dignidad y en el adelanto de nuestra mente hacia un mundo mejor, más bello. No, al contrario, los pasos hacia atrás son bestiales hasta el punto de que a los seres humanos los seguimos tratando como masas comerciales y fango que hay que limpiar. Patético e insultante. Selvas que desaparecen, pueblos indígenas que son masacrados, pueblos enteros exterminados en guerras….este no es el futuro que yo pensaba, sino el infierno del que tanto habla la Iglesia. Claro nos engañaron al decirnos que el infierno  estaba bajo tierra pero donde reside es en los corazones de muchos hombres. Que el demonio tenía un gran tenedor cuando el demonio son los Bancos Mundiales y el dinero. El infierno es lo que padecen esos millones de personas que han sido expulsados de sus casas y vagan errantes buscando la paz. El infierno son los millones de personas que mueren de hambre, que son asesinados sin que la justicia divina y terrenal implore y castigue a sus culpables. ¿Hasta cuándo podemos seguir así? El ser humano se ha convertido en un gran depredador de la vida. Hay mucha gente buena como usted lector/a que lee este alegato a la sociedad. Pero los otros, los malos aunque sean menos, tienen el poder económico en sus manos, por lo tanto la vida de nuestro planeta.

            No se puede tirar la toalla, pero es muy difícil solucionar este grave problema del Homo Sapiens sapiens, salvo que sin duda se dirige hacia su propia extinción. El engranaje esta tan bien formado y fortalecido que un intento por cambiar nuestro sistema radicalmente, seria aplastado por el propio sistema de poder que dirige los designios del mundo y lo lleva hacia una asfixia y un control que ni soñado por Ceorge Orwell en su novela “1984”.

            Sin embargo nuestra es la decisión de seguir así o plantar cara ante este camino que solo nos lleva al precipicio de la ignorancia y destrucción.

            Mientras, los muros de la vergüenza humana se siguen levantando y el éxodo continua con miles de muertos en regueros rojos de sangre sin que ni una lágrima salga por los ojos opacos de unos dirigentes ciegos que solo buscan su propio beneficio y hacer méritos para después instalarse en los despachos de grandes multinacionales cobrando en un mes lo que esos refugiados podrán obtener en 20 años. Miles son los ahogados en busca de la vida. ¿Cuál es la solución? Poner fin al tráfico de personas. ¿Y porque no poner fin a conflictos originados por nosotros? Como se intenta desviar la verdadera realidad de lo que ocurre hacia otros problemas surgidos precisamente por el éxodo masivo. ¿Dónde queda la declaración de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos? ¿Qué país la está cumpliendo? ¿Dónde está la normativa internacional que impide que tratemos a los refugiados e inmigrantes como conejos de cacería?

            Me apena saber que lo que nos habían enseñado en la escuela es mentira y solo basado en la prepotencia. Nos dijeron que el hombre era sabio, el más inteligente de los seres vivos. Pero estamos viendo que esto no es cierto y que desde tal vez la revolución industrial, el hombre ha ido decayendo cada vez más hasta convertirse en el peor enemigo de la vida en sí misma, en un asesino sin escrúpulos que está matando a su propia especie, a su propia morada sin remordimientos, cayendo a lo más bajo y rastrero que uno pueda imaginarse.




PEDRO POZAS TERRADOS (NEMO)