sábado, febrero 27, 2016

REDES VACÍAS


Estamos aunque no lo quieran decir abiertamente los economistas e investigadores, ante una alarma mundial de características muy graves con la alimentación en todos sus frentes: agricultura, ganadería, pesca y productos químicos que se mezclan en nuestros alimentos sin haber sido muchos de ellos testados para saber su peligrosidad para los consumidores. Animales de granja engordados con hormonas de crecimiento y antibióticos. Agricultura intensiva plagada de insecticidas que envenenan nuestros alimentos. Pesca abusiva y sin control, donde ya muchas especies marinas proceden de piscifactorías marinas alimentadas con piensos preparados por el agotamiento de los caladeros y zonas de pesca. Alimentos transgénicos que son patentados y que son sospechosos de producir cáncer. Hemos llegado hasta el punto de  tener producciones masivas de alimentos donde prima lo económico y el negocio, olvidando la salud y el bienestar de las personas. ¿Este es el progreso que el hombre ha soñado? Cada día las enfermedades y el cáncer en decenas de variantes, atacan nuestra salud como una plaga sin control. Nos echamos las manos a la cabeza ante la aparición de brotes sin control como el ébola y sin embargo queremos cerrar los ojos  ante estos problemas que no solo amenazan el medio ambiente en general acelerando el cambio climático, sino que amenaza la propia seguridad en la alimentación mundial produciendo miles de muertos a diario.



La Comisión Océano Mundial, formada por antiguos Jefes de Estado, ministros y líderes empresariales, ha advertido a la Unión Europea que la sobreexplotación de los recursos pesqueros y la pesca ilegal amenazan el futuro y el bienestar de las poblaciones, especialmente a los más pobres. El 30% de las capturas pesqueras mundiales no queda registrado, es decir, 32 millones de toneladas de pesca no se comunican a las Naciones Unidas. La humanidad, o mejor dicho, los pescadores que tantos poderes se les ha dado y tanto mimo reciben por los gobiernos, están saqueando los océanos con consentimiento de sus armadores y con negocios redondos, no importándoles que las especies marinas se encuentren a un nivel biológicamente insostenible. La merluza, el lenguado o el salmonete de roca del mediterráneo, están recibiendo un impacto brutal de insostenibilidad. Sus precios se han disparado porque cada vez escasea más, pero como no se prohíbe su pesca para la recuperación de sus poblaciones, su valor crece y el negocio a pesar de ello prospera. ¿Hasta cuando? ¿Llegará el día en que los pescadores se den cuenta del impacto tan brutal que están haciendo a los ecosistemas marinos? ¿Se darán cuenta los políticos que solo miran lo económico restando importancia a la destrucción de un medio de alimentación vital para la humanidad? ¿Por qué se subvenciona al sector pesquero que está cometiendo uno de los mayores desastres ecológicos, agotando los caladeros y no se ponen medidas restrictivas y penales para evitar  lo que pronto puede ocurrir y que será mucho más grave para el sector cuando las redes del mar se suban a los barcos vacías?

España figura entre las primeras flotas del mundo en pesca de tiburones y otras especies. Las aletas de tiburón se exportan a Asia y su carne se vende en los mercados europeos, donde es demandada para por ejemplo elaborar el cazón de adobo típico de Cádiz, pero que en 2013 la Convención de Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) tomó la decisión histórica de proteger al tiburón oceánico, el marrajo sardinero y tres especies de tiburón martillo. Pero las medidas no se respetan y menos cuando en alta mar los barcos no pueden ser vigilados y cuando van a puerto y les espera una inspección, son de inmediato avisados para que cuando lleguen todo esté en orden.

El 40% de la pesca que se captura, se tira por la borda ya muerta e inservible o bien moribunda. Los descartes son muy frecuentes en los barcos pesqueros. Yo he presenciado personalmente como en el mismo puerto, al hacer la selección de lo obtenido por medio del arrastre (técnica de pesca que va arrasando los fondos marinos destruyendo vegetación y capturando toda clase de especies con una gran barra de hierro), tiran las especies no vendibles por la borda, incluso toda clase de porquería y residuos que en lugar de arrojarlos a un contenedor, es echado por la borda con total impunidad y falta de sentido y respeto por el mar que les da de comer.

El 87 % de los estoks pesqueros mundiales, están agotados. ¿En qué piensan nuestros políticos? Esto debe de acabarse por el bien de todos y debemos exigir el respeto por el ecosistema marino que aporta un 50% del oxígeno a la Tierra y absorbe el 25% de las emisiones de CO2.

En Latinoamérica y Asia, los manglares, que son los bosques del mar y los que tienen una gran biodiversidad marina, fuente de alimentación de la pesca artesanal, están siendo destruidos completamente y en su lugar se erigen grandes zonas de costa para el cultivo de langostinos de forma artificial, engordándolos y alimentándolos con pienso y que después consumimos los europeos sobre todo en navidad sin saber o sabiendo con los ojos cerrados, de donde proceden y el daño al ecosistema marino que se ha producido, destruyendo por completo la pesca artesanal y haciendo que muchos pueblos que subsistían por esa pesca, tengan que abandonar sus hogares hacia un rumbo que normalmente les lleva a la muerte. Las multinacionales acampan a sus anchas porque compran a los políticos. Solo les interesa el negocio y dinero rápido sin importarles lo que le ocurra al ecosistema y mucho menos a los seres humanos.

Por otro lado y a este paso, solo los ricos podrán comer pescado, ya no solo por la falta de captura, sino también por la especulación de precios que existe, otro negocio más a añadir a este sector de la alimentación que debería regularse con mayor precisión y con un mayor control veterinario y de inspección continuada.
Pero los informes y llamadas de atención continúan anunciando una hecatombe si continuamos con la explotación masiva de los mares. La Organización Británica New Economics Foundation (NEF) apunta a que España dispondrá este año un 24%  más de pesca en los caladeros del Atlántico Noreste, por encima de lo recomendado para mantener en buen estado las especies de interés comercial, 40.416 toneladas más de las que se debería.

Ni los pescadores que no velan por el futuro de su trabajo, ni los políticos que solo intentan siempre subvencionar al sector pesquero en detrimento de otras profesiones con un total desconocimiento de lo que está ocurriendo, son capaces de actuar con el respeto necesario para evitar lo que sin duda se nos viene encima en cuanto a la alimentación de productos pesqueros.

Hemos destrozado nuestros caladeros y ahora nos vamos a explotar y aniquilar los caladeros africanos, haciendo concesiones y acuerdos con gobiernos de poca credibilidad y sin respetar la pesca tradicional y local, robando la comida a los más pobres tras destruir nuestros propios stoks de pesca. África se enfrenta a un posible derrumbe de la pesca, y a la degradación del entorno marino a causa de la explotación de los recursos de África Occidental por parte de las flotas europeas, rusa y asiáticas, atraídas por el negocio que supone desembolsar mucho menos por las cuotas a pagar que por lo conseguido con las ventas, lo cual se supone la existencia de una trama de intereses en la que participan dirigentes electos y funcionarios africanos.

La solución a esta problemática es muy difícil. El ser humano parece que se ha vuelto ciego y tonto, sin importarle las consecuencias de sus actos y actuando de una forma irresponsable, primando solo y exclusivamente los beneficios económicos que se obtienen de una forma rápida esquilmando y sin pararse a ver las consecuencias y desapariciones de especies como si el problema estuviera muy distante.
En otros frentes y problemas globales ocurre de igual forma. La ceguera humana es una enfermedad muy grave y estamos pagando las consecuencias duramente con el aumento de las temperaturas, falta de agua y otros síntomas que nos debería de poner sobre aviso para lo que se avecina.
Las flotas pesqueras deben parar de forma inmediata las prácticas no muy ortodoxas donde se destruye no solo el fondo marino, sino la muerte de muchas especies no objeto de pesca, como por ejemplo en la técnica del arrastre. Deben considerar al mar como su único seguro de vida, respetarlo y realizar las paradas biológicas para la recuperación de los caladeros vacios.

            Pero todo ello está muy lejos de la realidad. El ser humano aún no ha comprendido hasta donde debe de llegar, donde poner los límites a su codicia, donde encontrar el equilibrio de la razón y sensatez ante un mundo neoliberal que destroza las economías de los países y nos enfrentan irremediablemente a hecatombes sin sentido. Aún no comprenden los grandes especuladores que por mucho dinero que roben o ecosistemas que destruya, las consecuencias caerán también sobre ellos.

            
Debemos estar despiertos, vigilantes, protegiendo nuestros recursos y evitando que las multinacionales acaparen la alimentación mundial como ya lo están haciendo. Debemos formar plataformas ciudadanas que exijan a los políticos una correcta actuación de protección en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Ellos son los elegidos por el pueblo y son ellos los que tienen que solucionar de forma inmediata estos agravios contra la naturaleza, el mar, el aire y la Tierra en su conjunto. Pero parece que una vez que son elegidos se olvidan que tienen un gran trabajo para conseguir el bienestar de la sociedad y protegerla de las multinacionales ávidas de poder y de gloria.
            Debemos ser responsables a la hora de comprar los alimentos y exigir en las pescaderías o mercados, que cada pescado en venta tenga una etiqueta de procedencia ya que es obligatorio y conocer cuando una especie no tiene la talla reglamentaria.

            En la costa Mediterránea los marineros culpaban a la Foca Monje de comerse todo el pescado y acabaron con todas ellas. Pero aún así, los pescadores veían que sus redes seguían vacías y que cada vez tenían que irse más lejos, a otros caladeros. Ya no estaban las Focas, solo el hombre que una vez más culpabilizó a una especie inocente hasta hacerla desaparecer sin no querer mirar que el culpable era sólo él. Unámonos para que los mares sigan teniendo vida. Sin duda serán la salvación de la humanidad.


PEDRO POAS TERRADOS (NEMO)

Fotografías: Pedro Pozas Terrados