domingo, enero 13, 2013

LÁGRIMA ESMERALDA. La igualdad más allá de la humanidad.






Selvas y bosques, pueblos indígenas, fauna....nada escapa a la inconsciencia de la maquinaria moderna, una máquinaria sustentada por todos nosotros y dirigida por las élites económicas del mundo



“Según cuenta la leyenda, pasada de boca en boca, hay una manera de saber si una piedra es una auténtica esmeralda. Se calienta hasta alcanzar cierta temperatura, y si se rompe en añicos es que era real. Pero entonces… ¿dónde queda la esmeralda? ¿Destruida y pulverizada a pesar de su gran valor? ¿Quién se arriesgaría a comprobarlo si después de muchos esfuerzos y sacrificios ha encontrado la lágrima de una esmeralda que podría haber sido la salvación de su vida y la de su familia? ¿Cuánto valor hay que demostrar, cuánta estupidez hay que tener y cuánta ceguera cubriendo las neuronas si se diera ese paso? La Tierra es nuestra esmeralda. Una piedra preciosa de color verde intenso, del color de la selva, de la vida y, por qué no, de la esperanza. Una piedra que estamos destruyendo, calentando con intensidad. Estamos ahogando el porvenir de las generaciones futuras y llegando con la rapidez del ciclón al punto del no retorno, al límite de la seguridad estable de nuestro planeta, el mismo punto de ebullición en el que una esmeralda, nuestra Tierra, está a punto de saltar en mil pedazos.”

        Selvas y bosques, pueblos indígenas, fauna… Nada escapa a la inconsciencia de la maquinaria moderna, una maquinaria sustentada por todos nosotros, desde las élites económicas y políticas hasta los ciudadanos de a pie, que observamos desde nuestra individualidad como más allá de las fronteras de nuestro país se vulneran los derechos del planeta y los seres que lo habitan. Esta esclavitud a la que están sometidos esos países que llamamos “del tercer mundo” es la que hace posible nuestra sociedad moderna, del progreso y los excesos, tal y como la conocemos, impensable sin el expolio de materias primas para la producción y el consumo insostenible. Un expolio que está provocando la desestructuración de las comunidades indígenas, contaminando el medio, arrasando selvas y dejando sin alimento, hogar y dignidad a miles de seres humanos y no-humanos. Es entre éstos últimos donde se encuentran los grandes simios, hermanos evolutivos olvidados a los que estamos robando el hábitat y la vida.
        Lágrima esmeralda nos ofrece una visión integral de la actualidad mundial respecto a selvas y bosques, las comunidades que allí habitan y las especies animales en peligro, con particular atención en los grandes simios. La lucha por los derechos naturales y legales de estos últimos ha sido durante lustros la punta de lanza de un intenso activismo y apasionada dedicación, por parte del autor de este libro, en pos de la recuperación de nuestra preciosa esmeralda.
Hemos heredado una esmeralda tocada, rota en diferentes vértices y en lugar de conservarla, cuidarla y reparar, hemos colocado un muro a la insensibilidad y la ignorancia. Nuestra esmeralda está muriendo, está desapareciendo por decisiones de un poder económico que se ha convertido sin lugar a dudas, en un verdadero crimen de lesa humanidad. Cientos de multinacionales son responsables de las mayores barbaridades que nos podamos imaginar. Se están cometiendo en la actualidad, el asesinato de miles de líderes indígenas que luchan por la conservación de las selvas tropicales que de por si deberían estar ya protegidas por beneficio a la biodiversidad de nuestro planeta. Miles de campesinos, periodistas, luchadores en la defensa de la tierra y la conservación de los pueblos del bosque, son igualmente asesinados, haciéndoles desaparecer para siempre mientras hipócritamente, las Naciones Unidas celebran los años internacionales del bosque o la biodiversidad, sin importarle para nada la situación real de lo que esta ocurriendo. Una vergüenza que hace que la dignidad humana quede por los suelos.
Lágrimas de esmeralda caen por las mejillas de quienes intentamos buscar una solución a estos desmanes y solo encontramos puertas cerradas, mentes huecas carentes de toda humanidad, espinas adosadas en senderos maltrechos sin posibilidad de llegar a una solución estable, a un mundo mejor y más desarrollado, donde todos los recursos naturales fueran propiedad de la humanidad, donde el respeto por la vida de todos los seres vivos fuera el objetivo principal de nuestra existencia, donde el bienestar de todos nos hiciera felices de vivir en una Tierra hermosa. Pero los sueños se desvanecen cuando despertamos y el mundo se muestra de manera cruel, tal cual es.
Si permitimos que nuestra Esmeralda estalle en mil pedazos, estaremos dando paso a la incoherencia y la maldad de unos pocos contra muchos, cometeríamos un crimen  no sólo contra nosotros mismos y el resto de los seres vivos que pueblan el planeta, sino contra las generaciones futuras que no podrán disfrutar de esa Esmeralda verde que tanta esperanza nos transmite y que con tanto ahínco han luchado muchos héroes de la Tierra que han  y siguen siendo asesinados por defenderla.
La igualdad debe ser un valor alcanzable por nuestra civilización, un logro a perseguir en cada momento y extenderla más allá de nuestra propia especie, es un don que el ser humano debe poseer y mostrar para siempre.
       Nos enfrentamos a la triste realidad de una extinción anunciada, donde el hombre, imparable en su labor destructiva como especie dominante y peligrosa, no se para a pensar en las consecuencias de su abusiva conducta. La Tierra tiembla bajo las botas del ser humano. El cambio climático ocasiona numerosas tragedias humanas. Los países del mundo reconocen que la culpa de todo esto, son las propias manos del homo sapiens y sin embargo nadie hace nada por intentar parar esta inconsciencia, esta ceguera que oculta la realidad.
La problemática de los Grandes Simios se ha convertido en un grave peligro de su propia existencia. Numerosas amenazas pesan sobre ellos diariamente y en quince o veinte años, habremos dejado de compartir espacio con estos seres ancestrales, con estos hermanos evolutivos que a pesar de encontrarse al mismo nivel que los hombres prehistóricos, los tratamos como simples animales, como carne de laboratorio y alimento, de risa y de rejas, no queriendo darles sus más elementales derechos, a la vida, a la libertad y no ser torturados no física ni psicológicamente. Parece como si a pesar de saber que compartimos con ellos el 99% del ADN, quisiéramos cerrar los ojos ante la evidencia por temor a enfrentarnos con otro ser como nosotros. Estamos acostumbrados a ser únicos en la tierra, a sentirnos egocentristas, donde todos los seres vivos  giran alrededor nuestro y no queremos  aceptar  que hay otros que han recorrido el mismo camino que nosotros y que sin embargo no les reconocemos ni siquiera el derecho a la vida.


Ciertamente estamos cometiendo un grave error, donde las generaciones futuras nos reprocharán por nuestra ignorancia y nuestro egoísmo, el no haber estado a la altura de la sabiduría que tanto nos enorgullece y que ponemos como ejemplo y modelo de la superioridad del ser humano ante el resto de las especies.
Muchas veces, cuando las noticias salta a los medios de comunicación sobre el descubrimiento de un nuevo homínido de hace millones de años o  los ya famosos yacimientos de Atapuerca que tanta importancia parecen haber tenido, nos vemos  ciegos de ambición y poder, ciegos de una ciencia que no avanza en determinados aspectos, que ha quedado estancada. Queremos seguir estando solos sin rendir cuentas a nadie, para así dominar el mundo como lo estamos haciendo,  para hundir la tierra en la hecatombe. Estoy convencido, que si mañana descubriéramos a un grupo de neandertales que hubieran sobrevivido hasta nuestros días, serían tratados como meros animales y nuestras miradas seguirían desviadas hacia los que no pueden cambiar la línea establecida, hacía los huesos del hombre prehistórico.

El hombre cree que dominar es arrasar, es destruir, es matar. Hasta tal punto se lo cree, que se mata así mismo, que destruye los seres tan maravillosos que comparten la vida en este planeta. Existe un cambio climático evidente acelerado por culpa de los humanos, de sus malas gestiones, de su agresión al medio en donde habita, y sin embargo nadie hace nada para desacelerar esta locura. Ahora nos echamos las manos a la cabeza cada vez que una catástrofe natural se lleva a miles de personas por delante. Pero todo queda en el horror de las muertes y de las pérdidas económicas y seguimos obstinados en seguir hacia delante con el petróleo, en no buscar y fomentar alternativas energéticas limpias y libres. No estoy proclamando una vuelta a las cavernas. Lo que estoy gritando y muchos otros también lo hacen, es que tenemos la suficiente tecnología para efectuar de una forma radical un cambio de rumbo a todos los niveles. Somos inteligentes o al menos nos lo creemos. Por ello este cambio de camino tiene que realizarse de una forma rápida. No podemos esperar décadas para tomar decisiones, años para votarlas, y otra década para cumplirla, ya que nos habremos encontrado con nuevos problemas. El medio ambiente es más serio de lo que muchas personas creen. El conservar el tesoro de la biodiversidad es más importante de lo que algunos políticos dicen prometer. No les interesan en lo más mínimo conservar la vida y el bienestar de las personas y es fácil tirarnos como colillas hundidos en el charco de la calzada.
Es gracioso ver algunos “científicos” de salón o primatólogos de boquilla, cuando entonan en sus conferencias las alabanzas de sus estudios que en ocasiones no llegan a ningún lado y que mueren en recopilaciones absurdas. Gente que se cree de otro rango y que sin embargo no son capaces de levantar su voz por la defensa de los bosques primarios, la casa de los primates. Se reúnen como conejillos sin rumbo, entonan sus palabras buscadas y moldeadas y esperan que les den palmaditas en la espalda como si fueran eminencias. Que ilusos y que pobres de pensamiento y palabra. Si no se conservan los bosques primarios, sino luchamos en defensa de la biodiversidad, no tendremos primates en libertad y por consiguiente, tampoco primatólogos  de salón.
En este sentido, algunos científicos tras los fraudes que constantemente se realizan y los robos de trabajos y artículos engañosos en todas las partes del mundo, dicen que la lección más importante que debemos aprender, es que la ciencia no es algo especial; por lo menos, ya no. Tal vez fuera cuando Einstein hablaba con Niels Bohr y no existían más que unos pocos especialistas importantes en cada campo. Ahora, en cambio, Estados Unidos cuenta con tres millones de investigadores, sin contar con el resto de los países del mundo. La ciencia ya no es una vocación, es una profesión, un negocio, una actividad humana igual de corruptible que cualquier otra. Los que la ejercen, no son santos, son seres humanos y hacen lo mismo que el resto de los seres humanos: mentir, engañar, robarse unos a otros, entablar demandas, ocultar datos, falsificarlos, darse una importancia exagerada y desacreditar injustamente a los que sostienen un punto de vista opuesto. Así es la naturaleza humana y nunca cambiará, al menos mientras siga en este pedestal único del super-sapiens, del egocentrismo patológico y de la inconsciencia ilimitada.
Este es el panorama con el que nos enfrentamos y al que tenemos que poner una solución que haga brillar de nuevo a nuestra esmeralda y que las lágrimas verdes de cristal puro, conquisten los corazones de la igualdad.
Este libro quiere ser un grito en defensa de la biodiviseridad, en defensa de nuestros hermanos evolutivos y en defensa de los no humanos que no tienen voz. Es un canto a la vida y una denuncia a la muerte, una luz a la esperanza y un clavo doloroso a la cautividad, una lágrima de esmeralda y una igualdad más allá de la humanidad.

PEDRO POZAS TERRADOS  (NEMO)

Quien quiera el libro, puede ponserse en contacto conmigo en nautilusmar@yahoo.es - Teléfono: 678 708 832. Cuesta 15 euros. Con los gastos de envío asciende a 23,00 euros. Los que esten en Madrid podemos quedar en la Puerta del Sol para evitar los gastos de envio.