jueves, junio 18, 2015

HACÍA EL ABISMO

Nos encontramos ante una sociedad que ha fracasado y que no sabe salir de su propio error. Un capitalismo agresor que ha  hundido todo intento de salir a flote y que se ha fundido en el crecimiento sin medida y el ánimo de lucro, acaparando a todas las instituciones del Estado y sembrando el terror en las economías libres de mercado, llevando a la Tierra a un desastre sin control.
            El cambio climático es un hecho reconocido en todos los ámbitos internacionales y que es producido por el hombre que no pone medidas a sus acciones, que no le importa destrozar los recursos de la naturaleza y siembra el miedo y la destrucción allá donde su tecnología avanzada quiere imponer la dictadura capitalista, el sacar beneficio a corto plazo sin reparar en los daños irreversibles que ocasiona a nuestra única morada y que es un legado a conservar para las generaciones presentes y futuras.
            Existen medidas muy inteligentes  para combatir este caos al que nos estamos enfrentando, medidas eficaces que podrían ponernos rumbo hacia la gobernalidad de nuestro entorno y patrimonio natural. Pero esta carta de navegación que podría salvarnos de caer en el abismo, es ignorada y pisoteada por los peones del capitalismo, muchos políticos que son envueltos en los tentáculos del poder económico y de las multinacionales, evitando con sus acciones públicas y en beneficio de sus amos, el cambio tan esperado que necesitamos para evitar lo peor.
            Naom Klen, en su libro “Esto lo cambio todo. El capitalismo contra el clima”, resalta que si seguimos la tendencia actual de dejar que las emisiones crezcan año tras año, el cambio climático lo transformará todo en nuestro mundo. Las grandes ciudades terminarán muy probablemente ahogadas bajo el agua, culturas antiguas serán tragadas por el mar y existe una probabilidad muy alta de que nuestros hijos e hijas pasen gran parte de sus vidas huyendo y tratando de recuperarse de violentos temporales y de sequías extremas. Y no tenemos que mover un dedo para que ese futuro se haga realidad. Basta con que no cambiemos nada y simplemente sigamos haciendo lo que ya hacemos ahora, confiados en que alguien dará con el remedio tecnológico que nos saque del atolladero.
            ¿Qué maquina inventada por el hombre será capaz de replantar las selvas que están siendo destruidas, el hielo del ártico que se está fundiendo, los frecuentes terremotos que se están produciendo, los tornados destructores que cada año son más poderosos?. El sistema de vientos planetarios está alterándose y produciendo una cascada de fenómenos naturales impredecibles debido a la destrucción de los bosques tropicales que se encuentran en el ecuador de nuestro planeta, en el mismo lugar de donde parten los vientos y corrientes que regulan “la sangre” de nuestra Tierra. Y esa destrucción masiva de las selvas, que como efecto dominó está afectando al calentamiento del mar y a la normal regulación de una naturaleza sabia, es producida por multinacionales que apoyados por los gobiernos y sus políticos, consienten el saqueo continuado de unos recursos que no son ilimitados y por consiguiente es una práctica suicida de la propia especie humana capitoneada por el capitalismo y todo lo que conlleva a una falta grave de respeto hacia nuestro entorno.
            Dependemos de los frutos de nuestro planeta y si somos incapaces, como así parece, de conservar nuestra existencia y de proteger nuestro mundo, nuestra especie está abocada  a su autodestrucción, a desaparecer como depredadores compulsivos e irresponsables. Y no va a ser dentro de una década o dos, está ocurriendo en estos momentos y nos quieren ocultar una realidad que la tenemos en las mismas puertas de nuestra casa.
            Los terremotos frecuentes que asolan muchos lugares y las demás consecuencias que estamos escuchando por los medios de prensa (deshielo, aumento de tifones devastadores, sequías, tormentas, pérdida de cosechas….etc), son solo los anuncios, la punta del iceberg que nos viene encima de una manera catastrófica y que nuestros gobernantes están ignorando por completo, sumidos como lo están, en sus peleas de poder y muchos en sus mundos de corrupción consentida. Y digo consentida porque no entiendo cómo se pueden votar a partidos donde los sobres y la indecencia han sido moneda frecuente, donde la degradación y el escándalo han sido portadas de prensa, donde la dignidad y la verdad han sido derrotados por el hedor del escándalo.
            De nada sirve unirnos para protestar contra este cambio climático que nos lleva y nos hunde en la oscuridad, si las multinacionales siguen con su tarea destructiva, si el capitalismo sigue con su libre mercado adueñándose de la sociedad, si los bancos y el poder económico siguen siendo la máxima autoridad para reprimir a la sociedad y si la mayoría de los políticos dejan de ser dueños de sí mismo y se convierten en simples servidores de los sombreros de copa. De nada sirve apagar la luz en señal de protesta, si el rumbo sigue siendo fijo hacía el abismo y la incomprensión.
            Pero el propio Banco Mundial, que ha visto las orejas del desastre que se avecina y que lógicamente todos perderemos incluidos los que hoy tienen mucho, advierte que según nos aproximemos o superemos el aumento de los 2º C, se corre el riesgo de provocar puntos de inflexión no lineales. Es decir, desintegración de la capa de hielo antártica occidental que llevará a una elevación más rápida del nivel de los océanos o la muerte gradual a gran escala como está ocurriendo ya de los bosques de la Amazonia. Todo ello afectará drásticamente a los ecosistemas, ríos, agricultura, producción de energía y medios de subsistencia. El punto de mira no estará ya como ahora en países lejanos, sino que afectará a todos los continentes. Es más, el propio informe indica que avanzamos hacia un incremento de 4ºC de la temperatura del planeta (antes de que termine el siglo), lo cual provocará olas de calor extremo, disminución de las existencias de alimentos a nivel mundial, inundaciones, pérdida de ecosistemas y biodiversidad y una elevación potencialmente mortal del nivel de los océanos.
            No es ciencia ficción, pero si una película de nuestra propia existencia si no ponemos freno al cambio climático y ese freno está siendo desactivado por el capitalismo arrasador y los gobiernos cómplices y responsables de este suicidio mundial.
            Naomi Klein, expone que los tres pilares de las políticas de esta nueva era son bien conocidos por todos nosotros: la privatización del sector público, la desregulación del sector privado y la reducción de la presión fiscal a las empresas, sufragada con recortes en gasto estatal. El fundamentalismo del mercado ha saboteado sistemáticamente desde el primer momento nuestra respuesta colectiva al cambio climático, una amenaza que empezó a llamar a nuestra puerta justo cuando esa otra ideología alcanzaba su cenit.
            En opinión de Naomi y que comparto, asegura que no hemos hecho las cosas necesarias para reducir las emisiones, ya que se entra en conflicto de base con el capitalismo desregulado. Estamos estancados  porque las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe y que beneficiarían  a la inmensa mayoría de la población humana, son sumamente amenazadoras para una élite minoritaria que mantiene un particular dominio sobre nuestra economía, nuestros procesos políticos y la mayoría de nuestros principales medios de comunicación.
            Mientras tanto, el cambio climático producido por numerosas causas derivadas de las actividades humanas, continúa su proceso de envolver nuestro mundo y llevarlo a un modelo caótico, donde sin duda nuestra civilización tal como la conocemos hoy día, se derrumbará ante la violencia defensiva de nuestra Tierra.
           Debemos exigir de forma inmediata el cambio hacia un mundo más justo, más puro, más equitativo y respetuoso con nuestro medio. Un mundo donde las políticas sean encaminadas a la protección de la sociedad y de los ecosistemas con los cuales compartimos el hábitat humano. Para ello se hace imprescindible, el control urgente de las multinacionales y grupos de presión que sólo buscan llenar los bolsillos de manera veloz sin preocuparse de las consecuencias que ocasionan su irresponsabilidad.
            Recientemente Vanuatu, un país situado en el Océano Pacífico cercano a Australia y que lo componen un conjunto de islas, ha sido arrasado completamente por el ciclón Pam. La noticia saltó en un primer momento a los medios para después al día siguiente disiparse. Pero la realidad es que jamás un ciclón de esas características destructivas había sacudido este país que hasta el momento vivía tranquilamente y que hoy ha llenado sus ojos de lágrimas. A 270 kilómetros por hora, el ciclón  ha destruido miles de casas, dejado 166.000 personas sin hogar, entre ellos a 82.000 niños. El agua está contaminada, no hay electricidad, son limitados los servicios médicos, 13.000 viviendas destruidas y muchas islas han quedado incomunicadas con decenas de muertos. Pero ya nadie habla de ello. ¿Por qué? Tal vez sea mejor ocultarlo porque es la antesala de lo que puede ocurrir en muchos lugares del planeta.
            Nuestros políticos no ven necesario un cambio cegados por los intereses del partido y porque solo buscan acciones a muy corto espacio de tiempo. El cambio climático solo es usado de forma electoralista y en contadas ocasiones, siempre con  palabras que prometen y que sin embargo el viento y los minutos se encargan de borrar de forma fulminante.
            Mientras que seriamente la sociedad no exija el control de este exterminio abusivo por parte del capitalismo enloquecido y haya un cambio radical en nuestras acciones como sociedad planetaria, estamos sin duda expuestos a caer en el abismo de la ignorancia, en el abismo donde los que queden no tendrán más remedio que caminar entre los escombros de una acelerada economía que nos llevó a la ruina y donde nuevas semillas deberán tomar nuevos rumbos sin el acoso del poder económico que todo lo mueve y que tantos disgustos está dando a la humanidad.

           Las generaciones futuras nos echarán en cara de ser una sociedad pasota ante los claros signos de un cambio climático, de mirar hacia otro lado, de  tener unos líderes políticos que pudieron pero no movieron ni un músculo para poder evitar el mayor peligro con el que la humanidad se haya enfrentado en toda su historia: la ignorancia, la ambición, el poder y la corrupción. Todo junto hará estallar la bomba que nos llevará hacia el abismo de la destrucción humana. Pero tenemos una opción, cambiar de forma radical y enterrar para siempre la estupidez de nuestra huella criminal.



PEDRO POZAS TERRADOS   (NEMO)