sábado, septiembre 08, 2007

UNA LECCION DE HUMANIDAD






En los años 60 se realizó el siguiente experimento: se enseñaba a unos macacos para que tirasen de una cadena cada vez que necesitaban comida. Los macacos aprendieron que cada vez que tenían hambre, tiraban de la cadena y la comida les caía sin mayores problemas.

Una vez aprendido este comportamiento, se hizo lo siguiente: el macaco A tiraba de la cadena para que le cayese la comida, pero a su vez, el macaco B que estaba a su lado, recibía una descarga eléctrica. El macaco A advertía claramente que su acto de recibir alimento pasaba de forma inexcusable por el sufrimiento de un prójimo.

¿Qué pasará?

El 87 por ciento de los macacos se negó a tirar de la cadena. Uno de los animalitos estuvo DOS SEMANAS sin comer por tal de no hacer sufrir a su congénere. Solamente el 13 % de los macacos eligió tirar de la cadena (solamente hay un 13 % de macacos que son unos hijos de puta cuando tienen mucha hambre).

En la misma década se realizaron otra serie de experimentos, esta vez con humanos, y que también implicaban una situación de castigo con descargas eléctricas. Por ejemplo, se escogían al azar dos personas, una hacía de víctima y otra de verdugo. Se leían a la víctima pares de palabras para que las repitiera en el mismo orden que las había escuchado y se le decía al verdugo que si se equivocaba, le aplicara una descarga eléctrica.

¿Qué pasó?

El 86 % de los verdugos (gente normal y corriente escogida al azar) aplicaba sin inmutarse descargas de hasta 315 voltios a los que se equivocaban.
Es decir, solamente un 14 % de los que hacían de verdugo fueron incapaces de aplicar descargas a sus congéneres por el simple hecho de que se equivocaran en una palabra. Nadie duda de que si hubiera sido para obtener comida como los macacos, también le habrían aplicado la descarga.

¿Te das cuenta? En ambos experimentos, los porcentajes de los macacos y de los humanos están invertidos. El rey de la creación, el único ser moral según pregonan filosofías y credos religiosos, el animal racional, elimina a un congénere que ningún daño le hizo, al que no conoce, por un error tan trivial como errar la repetición de palabras y en obediencia a otro congénere al que tampoco conoce.

Y esa bestia irracional que es el macaco, obediente solo a sus instintos, incapaz de elevación moral alguna, no dotado de alma, pequeño, torpe e insignificante, nos da un ejemplo callado y sobrio de su grandeza moral.


FUENTES:

1.- J. Masserman- S. Wechhkin- W. Terris. “Conducta altruista en los monos Rhesus”, American Journal of Psychiatry, 121, 1964.
2.- Cf. Rolf Denker: Elucidaciones sobre la agresión. Amorrortu Editores. Buenos Aires, 1973.